
Quizá la presencia de Silvio Berlusconi como anfitrión de la última cumbre del G-8 que terminó ayer en L’Aquila, le dio el caracter de frivolidad a todo el evento en el cual no salió humo blanco en ninguno de los aspectos centrales. Al parecer la grave crisis económica fue utilizada como un pretexto para no avanzar en la formulación de propuestas concretas frente a temas como el cambio climático, el hambre en el mundo, la regulación financiera.
En L’Aquila quizá se celebró la última cumbre de los G-8, pues ya muchos presidentes, como Ángela Merkel, consideran que el auténtico foro para discutir los problemas mundiales es el G-20, cuya acción más contudente ha sido la cumbre celebrada en Londres el 2 de abril. En esa cumbre se desterró para siempre la doctrina del Consenso de Washington y nació elConsenso de Londres, que abogó por una mejor supervisión financiera y el fin de los paraísos fiscales. Estas acciones están en ejecución y muchos países se han comprometido en desarrollar los mecanismos de transparencia financiera que requieren las economías sanas.
Incluso, y quizá lo más anecdótico, fue el compromiso de los G-8 de no atacar al dólar, evitando así que la desmedida volatilidad de la divisa cree incentivos a la especulación. Algo, al menos, para el brindis.
Imagen | Ucodep

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